
Por: Merelyn Dávila y Karoll Ariza
Detrás de la seriedad, su aspecto rudo y una imagen reservada que muchos perciben como primera impresión, existe una persona sensible, artista y humana. Hablar con Andrés no solo fue entrevistar a un docente o a un músico, fue descubrir a alguien marcado por las experiencias de vida, la conexión con los animales, el amor por el arte, y su manera de entender la felicidad, la soledad y las relaciones con los demás.

Andrés habla rápido, como si tuviera demasiadas cosas en la cabeza al mismo tiempo. A veces parece serio, incluso un poco difícil de leer, pero mientras más habla, más fácil es darse cuenta de que detrás de esa primera impresión que causa hay alguien mucho más sensible de lo que aparenta.
Dice que no es reservado, sino selectivo. Que no tiene problema en mostrarse como es, de hecho, no sabe ser de otra manera, pero es observador cuando de decidir a quién se lo deja ver se trata.
Mientras habla, es imposible no notar que casi todo en su vida termina conectado con la música, los animales y su mamá. Incluso cuando intenta hablar de las etapas que más lo marcaron, siempre termina regresando ahí, porque cada una de esas partes parece haber construido poco a poco la persona que es hoy.
Al hablar de Mothley, su gato, deja ver una sensibilidad diferente, una que aparece casi de inmediato en la forma en que lo describe “Mot para mí es mi otra mitad, mi alma gemela, mi amigo, mi confidente, mi cómplice. Lo adopté de dos mesecitos hace ya ocho años. Era una cosita pequeñita y nada, se volvió mi todo”.
Más allá del cariño evidente, sus palabras dejan ver el lugar emocional que ocupa en su vida. Desde entonces se convirtió en su compañero inseparable, especialmente durante la pandemia, una etapa que también terminó marcándolo profundamente. Pasar tanto tiempo solo, acompañado únicamente de su mamá y de su gato, hizo que aprendiera a convivir consigo mismo. “Aprendí a estar solo y me enamoré de eso”, comenta. Pero mucho antes de esa etapa, hubo otra experiencia que cambió completamente su vida: la separación de sus padres cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Aunque lo recuerda como un momento difícil, también reconoce que gracias a eso fue su mamá quien terminó encargándose completamente de su crianza y por eso cada vez que habla de ella, lo hace con una admiración imposible de ocultar.

Esa etapa terminó marcándolo profundamente y también influyó en muchas de las cosas que hoy definen su manera de pensar y de ver la vida. Fue durante esos años cuando empezó a acercarse poco a poco al arte y a la música, cosas que terminarían convirtiéndose en parte fundamental de quién es.
A los ocho o nueve años, su tía (la hermana mayor de su mamá) tenía un piano eléctrico en su casa y decidió enseñarle algunas notas. Para él, ese momento fue el inicio de todo. “En ese momento me enamoré del piano, y del piano me enamoré de la música, y de la música de todo lo que es el arte, la creatividad y la sensibilidad”, recuerda.
Además del piano, también guarda muy presente la imagen de la banda de rock de su tío ensayando en casa de su abuela. Verlos tocar hizo que se interesara especialmente por la batería, un instrumento que, según él, representaba una forma de expresión corporal, artística y emocional. A los once años empezó a tomar clases de batería y piano y tiempo después, cuando estaba en noveno grado, formó su primera banda de rock. Desde entonces, nunca ha dejado la música.
Con los años, esa pasión terminó convirtiéndose en mucho más que un hobby. Para Andrés, la música es una forma de entender el mundo, de sentir y también de liberar todo lo que lleva dentro. “Para mí la música es como la tela, como la fibra que une todo”. Escuchándolo hablar, es fácil entender que no exagera. Todo en su vida parece terminar conectado con ella.
Más adelante decidió salir del país. Entre 1999 y 2001 estuvo en Nueva York estudiando inglés mientras trabajaba en todo lo que pudiera para sostenerse y ahorrar dinero. Fue mesero, bartender, trabajó en construcción, pintó casas, arregló rines de carros, vendió bisutería e incluso aprendió a leer cartas astrales y a hacer masajes. Cuando mencionó eso último, no pudimos ocultar la sorpresa, nos costaba imaginarlo leyendo cartas astrales o haciendo masajes, y por un momento la entrevista se llenó de risas. Sin embargo, él lo cuenta con total naturalidad, como otra de las muchas cosas que hizo para salir adelante. Habla de esa etapa con orgullo, porque para él “todo trabajo es digno y todo trabajo honra”. De hecho, con el dinero que logró ahorrar en esos años compró su primera batería y se la trajo a Colombia.
Tiempo después viajó a Europa para estudiar lo que realmente quería. Estudió Producción de Audio en Barcelona e Ingeniería de Sonido en Londres. Más que los estudios, lo que realmente lo cambió fue todo lo que vivió allá. Estar en otros países, conocer gente distinta y acostumbrarse a culturas diferentes hizo que empezara a ver la vida de otra manera. Entendió que no todo el mundo piensa igual y que no existe una única forma correcta de vivir. Incluso recomendó que todas las personas deberian darse la oportunidad de vivir alguna vez fuera de su país.
Asegura que siempre ha tenido vocación de servicio, y fue mientras estaba fuera del país cuando decidió dedicarse también a la docencia, trabajando como profesor. Cuando regresó a Colombia, continuó enseñando, dictando talleres de radio y emisoras escolares en colegios de Bogotá, y poco tiempo después, llegó a la enseñanza universitaria en Barranquilla, donde lleva ya más de diez años.
Habla de sus estudiantes con el mismo entusiasmo con el que habla de la música. Dice que enseñar no solo le gusta por compartir conocimiento, sino porque también aprende constantemente de quienes están en clase con él. “Si algún día no necesitara trabajar por dinero, seguiría siendo docente de todas maneras”
Actualmente tiene su propio proyecto musical: la banda Ragdoll, creada junto a un amigo con el que lleva más de veinte años haciendo música. Allí compone canciones, escribe letras, toca instrumentos y participa en toda la producción musical. Más que un proyecto artístico, parece ser otra extensión de sí mismo.
Y aunque muchas personas puedan quedarse con la imagen de alguien serio, reservado o de carácter fuerte, basta escucharlo solo unos minutos para descubrir algo completamente distinto. Detrás de esa primera impresión hay alguien profundamente sensible, marcado por el arte, por el amor hacia los animales, la vocación y a su familia.